Por que hay falta de buenos camareros

La falta de camareros en hostelería se ha convertido en uno de los grandes problemas del sector. Cada temporada aparecen negocios que tienen dificultades para completar sus plantillas, cubrir turnos o encontrar trabajadores con experiencia.

Pero quizá la pregunta no debería ser únicamente dónde están los camareros.

También deberíamos preguntarnos por qué tantos buenos profesionales han decidido marcharse.

Muchos no abandonan porque no les guste el oficio. Se marchan porque se cansan de los horarios imprevisibles, la falta de personal, la presión constante y la ausencia de reconocimiento.

El problema es que, cuando un buen camarero abandona la profesión, no pierde únicamente el trabajador. Pierde todo el sector de la hostelería.

Un buen camarero no se sustituye de un día para otro

Contratar a una persona nueva puede cubrir un puesto, pero no recupera inmediatamente la experiencia que se ha perdido.

Un camarero profesional conoce el funcionamiento del establecimiento, domina la carta, controla los tiempos del servicio y sabe reaccionar cuando aparece un problema.

También conoce a los clientes habituales, detecta necesidades y ayuda a que el equipo trabaje de forma más organizada.

Todo eso necesita tiempo.

Cuando ese trabajador se marcha, la empresa debe empezar de nuevo. Hay que seleccionar a otra persona, enseñarle el puesto y acompañarla hasta que pueda trabajar con cierta autonomía.

Durante ese periodo suelen aumentar los errores, las dudas y la carga de trabajo del resto del equipo.

Por eso, perder a un buen camarero cuesta mucho más que cubrir una vacante.

la experiencia de un buen camarero

La rotación de personal empeora el servicio

Una plantilla que cambia constantemente tiene más dificultades para ofrecer un servicio estable.

Los nuevos trabajadores todavía no conocen la distribución de las mesas, los procedimientos del local ni el ritmo de la cocina y la barra.

Esto puede provocar:

Más errores en las comandas.

Tiempos de espera más largos.

Menor conocimiento de la carta.

Peor comunicación entre sala y cocina.

Más dificultades para resolver quejas.

Una atención menos personalizada.

El cliente quizá no conozca los problemas internos del establecimiento, pero sí nota cuando el servicio está desorganizado.

Puede que el producto sea bueno, pero si nadie controla los tiempos, la mesa está desatendida o la comanda llega equivocada, la experiencia queda perjudicada.

En hostelería, un buen servicio puede conseguir que el cliente vuelva. Un servicio desorganizado puede hacer que no regrese.

rotacion del personal en hosteleria

La salida de un trabajador sobrecarga al resto

Cuando un camarero abandona el equipo y no se sustituye rápidamente, los demás deben asumir más trabajo.

Cada persona atiende más mesas, realiza más tareas y tiene menos tiempo para detenerse a comprobar que todo está correcto.

En estas condiciones, los errores aparecen con mayor facilidad.

El problema se agrava cuando esta situación deja de ser puntual y se convierte en la forma habitual de trabajar.

El equipo vive en un estado permanente de urgencia. Los trabajadores se cansan, pierden motivación y empiezan a pensar también en marcharse.

Así se crea un círculo difícil de romper:

Un camarero abandona, sus compañeros trabajan más, aumenta el desgaste y terminan marchándose otros trabajadores.

El establecimiento nunca consigue formar una plantilla estable porque siempre está sustituyendo a alguien.

falta de camareros

La hostelería pierde a quienes podrían formar a los nuevos

Los camareros con experiencia no solo atienden mesas.

También enseñan.

Ayudan a los nuevos trabajadores a utilizar la bandeja, organizar una ronda, conocer la carta, tomar comandas correctamente y mantener la calma durante un servicio complicado.

Muchas habilidades del oficio se aprenden observando a profesionales que saben trabajar.

Cuando esos profesionales abandonan el sector, los nuevos empleados pierden referentes.

En algunos establecimientos, una persona comienza a trabajar sin una formación adecuada y debe aprender sobre la marcha, entre prisas, errores y llamadas de atención.

Esto perjudica al trabajador y también al negocio.

Sin profesionales capaces de transmitir una buena forma de trabajar, los malos hábitos se repiten y la calidad general del servicio disminuye.

La falta de estabilidad dificulta la profesionalización

La hostelería necesita trabajadores formados, responsables y capaces de asumir diferentes situaciones.

Pero resulta difícil construir equipos profesionales cuando el empleo se percibe como algo temporal.

Si un camarero sabe que no tendrá horarios estables, oportunidades de mejora ni reconocimiento por asumir más responsabilidades, es normal que termine buscando otro sector.

La experiencia debería permitir progresar.

Un trabajador que conoce el producto, vende correctamente, organiza el servicio y forma a sus compañeros aporta más valor al establecimiento.

Sin embargo, en muchos casos recibe las mismas condiciones que cuando comenzó.

Cuando esforzarse, formarse y asumir responsabilidades no produce ninguna mejora, el profesional deja de ver futuro en el oficio.

Entonces la hostelería pierde precisamente a las personas que podrían convertirse en responsables de sala, jefes de sector, encargados o formadores de nuevos trabajadores.

La falta de camareros limita el crecimiento de los negocios

Un negocio no puede crecer si depende completamente del propietario o de una única persona de confianza.

Para aumentar las reservas, ampliar horarios o abrir un nuevo establecimiento hacen falta trabajadores preparados y capaces de actuar con autonomía.

Los buenos camareros permiten delegar.

Conocen los procedimientos, mantienen el nivel de servicio y solucionan pequeños problemas sin necesitar instrucciones constantes.

Cuando una empresa no consigue retener a estos profesionales, el propietario termina ocupándose de todo.

Debe controlar la sala, resolver incidencias, formar a cada nueva incorporación y revisar continuamente el trabajo realizado.

Esto limita la capacidad de crecimiento y convierte el funcionamiento diario en una lucha constante.

Por tanto, la falta de profesionales no solo afecta al servicio actual. También impide que muchos negocios puedan mejorar o desarrollar nuevos proyectos.

equipo de hosteleria

Los horarios siguen siendo uno de los principales problemas

Trabajar de camarero implica atender al público durante noches, fines de semana y festivos.

Eso forma parte de la profesión.

El problema aparece cuando los horarios se comunican con poca antelación, cambian continuamente o hacen imposible organizar la vida personal.

Muchos trabajadores aceptan estas condiciones durante un tiempo. Pero, cuando necesitan estabilidad, estudiar, cuidar de su familia o simplemente descansar de forma adecuada, empiezan a buscar otras opciones.

El sector pierde entonces a profesionales con años de experiencia.

No se marchan porque no sepan trabajar.

Se marchan porque no pueden construir una vida estable alrededor de unos horarios completamente imprevisibles.

La flexibilidad es necesaria en hostelería, pero flexibilidad no debería significar disponibilidad absoluta.

La falta de reconocimiento expulsa talento

En muchos equipos, el camarero que trabaja bien termina ocupándose de todo.

Forma a los nuevos, resuelve quejas, controla la caja, organiza la sala y ayuda a sus compañeros.

Sin embargo, su categoría profesional y sus condiciones permanecen iguales.

La recompensa por hacer bien el trabajo acaba siendo recibir más trabajo.

Esta situación termina desgastando incluso a los empleados más comprometidos.

Un buen profesional no necesita recibir una felicitación constante. Pero sí necesita comprobar que su experiencia y responsabilidad tienen algún valor.

Cuando trabajar bien o trabajar mal produce exactamente el mismo resultado, la motivación desaparece.

Primero el camarero deja de proponer mejoras.

Después deja de asumir tareas que no le corresponden.

Finalmente, busca una empresa o una profesión donde su esfuerzo sea reconocido.

Contratar más no sirve si nadie quiere quedarse

Cuando un establecimiento tiene dificultades para encontrar personal, suele publicar nuevas ofertas de empleo.

Pero contratar no siempre resuelve el problema.

Antes hay que analizar por qué se marcharon los trabajadores anteriores.

Puede que el problema esté en los horarios, la carga de trabajo, el ambiente laboral, la falta de formación o la ausencia de oportunidades.

Incorporar trabajadores sin corregir estas causas es como llenar un recipiente que sigue teniendo una fuga.

Entrarán nuevas personas, pero ninguna permanecerá el tiempo suficiente para formar parte de un equipo estable.

El verdadero reto de la hostelería no es solo encontrar camareros.

El verdadero reto es conseguir que los buenos camareros quieran quedarse.

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Cómo puede la hostelería retener a sus profesionales

Retener talento no depende exclusivamente del salario, aunque una remuneración adecuada es fundamental.

También depende de la forma en la que se organiza el trabajo.

Algunas medidas pueden marcar una gran diferencia:

Comunicar los horarios con suficiente antelación.

Mantener plantillas ajustadas al volumen real de trabajo.

Formar correctamente a las nuevas incorporaciones.

Reconocer la experiencia y las responsabilidades.

Escuchar las propuestas del equipo.

Proteger a los trabajadores ante faltas de respeto.

Ofrecer posibilidades reales de crecimiento profesional.

Los buenos camareros no esperan que el trabajo sea sencillo.

Saben que habrá servicios complicados, clientes exigentes y momentos de presión.

Lo que esperan es disponer de los medios necesarios para trabajar correctamente y sentir que su esfuerzo sirve para algo.

La hostelería no puede seguir perdiendo experiencia

Cada vez que un buen camarero abandona la profesión, el sector pierde conocimientos, capacidad de organización y calidad de servicio.

También pierde a una persona que podría formar a otros trabajadores y ayudar a mejorar la imagen del oficio.

Después se habla de falta de personal.

Pero quizá el problema no sea únicamente que falten camareros.

Quizá el problema sea que, durante demasiado tiempo, la hostelería no ha sabido cuidar a quienes querían convertir este trabajo en su profesión.

Los buenos camareros no desaparecen de un día para otro.

Primero se cansan de trabajar siempre con falta de personal.

Después dejan de sentirse valorados.

Finalmente, encuentran otro camino.

Y cuando se marchan, la hostelería no pierde únicamente a un empleado.